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viernes, 17 de febrero de 2012

17 y Viernes

En Francia y los países anglosajones le temen al Viernes 13; en España, Grecia y determinados países latinoamericanos miramos con respeto al Martes 13... y los italianos se desmarcan de todos y se acogen al Viernes 17.


¡Pero bueno!, ¿y qué pasó el Viernes 17?

Pues aparentemente... nada. Hay quien se aferra a la Biblia y nos dice que Jesús fue crucificado un viernes, día en el que también se habría iniciado el Diluvio Universal. Y viernes habría sido el día escogido por Eva para ofrecerle la manzana a Adán... En algún sitio leí que el viernes causaba recelo en el cristianismo por ser el día de la semana dedicado a Frigg, esposa de Odín, madre de Baldr y Diosa nórdica de la fertilidad, el amor, el matrimonio y la maternidad, entre otras. Pero esta Diosa no era mala... así que me quedé igual :-/

Para lo que sí hay una explicación (enrevesada) es para el 17... y es que en números romanos se escribe XVII, caracteres con los que podemos formar VIXI, que en latín significa: "he vivido", o "viví"... vamos, que estás muerto, cosa que sí es mala suerte.

El Viernes 17 nacería, por tanto, de la unión de ambos conceptos, algo similar a lo que se hizo con el Martes y 13, sólo que más preocupante porque los italianos sí se toman en serio estas cosas. Hasta tal punto lo viven que el Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones sobre lo Paranormal (CICAP) lanzó en 2009 una campaña que bajo el eslogan: "Ser supersticiosos trae mala suerte", puso en marcha una serie de iniciativas para combatir la superstición celebrando jornadas, por ejemplo, cada vez que el calendario interponía un Viernes 17 en el camino. Y es que es tal el respeto de los italianos a este día que evitan hacer multitud de cosas: desde viajar hasta casarse, pasando por evitar las visitas a médicos, hacer exámenes... e incluso salir de casa si no es absolutamente necesario.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El hombre del saco

Seguro que, siendo niño, alguna vez te dijeron aquello de: "¡vendrá el hombre del saco y te llevará!" si no comías o te negabas a hacer algo que te hubiesen mandado.

Esto, que podría parecer una figura imaginaria para amedrentar a los niños, parece ser que es un mito popular basado en hechos reales, y desde luego, no apto para menores.

Sucedió en el pueblo de Gádor (Almería) en 1910. Francisco Ortega enfermó de tuberculosis y acudió a una curandera para librarse de la enfermedad. Ésta, viéndose incapaz de hacerlo, le desvió a su vez a otro curandero que, además, era el barbero del pueblo; Francisco Leona se llamaba el hombre. La cuestión es que Leona se ofreció a sanarle a cambio de 3000 reales, a lo que Ortega aceptó. Una vez hecho el pago, Leona, en compañía de Julio El Tonto -uno de los hijos de la curandera-, se apresuró a buscar los ingredientes para poder atender a su paciente.

La medicina no era otra que la sangre y grasas corporales de un niño. Para esto hacía falta un niño, y el infeliz elegido fue Bernardo González Parra, que contaba 7 años. Entre los dos lo metieron en un saco y lo llevaron hasta un cortijo donde Agustina -la curandera- les estaba esperando. Avisaron a Ortega y al llegar éste sacaron al niño del saco. Medio aturdido, pero con vida.

El asesinato ocurrió así: Leona hizo un corte en una de las axilas del pequeño para extraer la sangre que debía beber Ortega. Posteriormente, con el niño aún vivo, extrajo su grasa y untó con ella el pecho de su paciente. Finalmente le dieron muerte golpeándole el cráneo con una piedra, y ocultaron el cuerpo en un lugar llamado "Las Pocicas", dentro de una grieta y cubierto con ramas y piedras. Después, cada uno volvió a su casa.

El problema final llegó a la hora de repartir los beneficios. Leona debía dar parte a El Tonto por haberle ayudado a secuestrar al menor, pero intentó engañarle, lo que provocó que su socio acudiese a la Guardia Civil para relatar que, mientras estaba en el campo, le había parecido ver el cuerpo de un niño. Tras encontrar el cuerpo, fueron detenidos Leona y El Tonto. Ambos terminarían confesando el crimen, por lo que también se detuvo a Ortega y a la curandera, que serían condenados y ejecutados. Leona fue condenado a garrote vil, aunque murió en prisión, y por último, El Tonto fue absuelto al considerárselo mentalmente incapaz.

Y esta es la historia del hombre del saco...

martes, 25 de octubre de 2011

El Coco



¿A quién no le cantaron nunca eso de: "duérmete, niño, duérmete ya, que viene el Coco y te comerá" para inducirle a tener lindos sueños?

Esta dulce melodía tenía algunas variantes dependiendo de la zona donde se entonase, pero el quid de la cuestión era siempre el mismo: si no dormías a tu hora, lo más liviano que haría el Coco contigo sería robarte la cuna. La mejor muestra de las intenciones de este ser se resume en esta variante empleada en Cuenca: "con decirle a mi niño que viene el Coco, le va perdiendo el miedo poquito a poco"...

En resumen, mentar al Coco a la hora de dormir era como decir que Freddy Krueger estaba debajo de tu cama y se enfadaría si no cerrabas los ojos. Pero nada tienen que ver el uno con el otro.

De hecho, los orígenes del Coco se remontan cuanto menos al siglo XV. Una de las primeras versiones de la famosa nana la ofrece Juan Caxés en el Auto de los desposorios de la Virgen, ya en el siglo XVIII: "Ea, niña de mis ojos,  duerma y sosiegue, que a la fe venga el coco si no se duerme."

¡Pero tanta nana debe de venir de algún sitio! Que sí, a ello vamos.

En la Nueva España habría un ciudadano, al que llamaremos X, que buscaba trabajo infructuosamente. Con el paso del tiempo fue agotando sus ahorros, y llegó un momento en que el hambre se hizo presente. Para aliviarla empezó a procurarse su propia comida: niños que encontraba solos por la calle, lejos de las atenciones paternas. Transcurrido el tiempo, la noticia llegaría a oídas del resto de la población, que por algún motivo desconocido comenzó a llamarlo: "el Coco".

Desconozco si "el Coco" se centraba en huérfanos que pudiesen dormir a la intemperie o, si por el contrario, se llevaba a niños que, a horas intempestivas, escaparan de sus casas sin que sus padres se diesen cuenta. Esto último daría algo de sentido a lo de dormirse pronto.

Con lógica o sin ella, esta parece ser la historia del famoso «Coco».

jueves, 13 de octubre de 2011

El «Tío Sam»


Seguro que escuchaste nombrar muchas veces al «Tío Sam», uno de los símbolos más importantes de los U.S.A.. De hecho, rápidamente lo habrás asociado al dibujo que antecede estas líneas. Pero poco más sabemos sobre él. ¿Existió en realidad?, ¿se trata de una especie de Papá Noel?, ¿quién demonios es el «Tío Sam»?

Para saber un poco más sobre el tema debemos retrotraernos a la Guerra de 1812 entre los Estados Unidos y Gran Bretaña. Samuel Wilson (que así se llamaba nuestro hombre) era un carnicero que se encargaba de aprovisionar al ejército norteamericano. Para identificar los barriles imprimía sobre ellos las iniciales U.S. (United States) que los soldados irónicamente interpretaban como Uncle Sam (Tío Sam). Y a partir de ahí se quedó con el apodo...

El caso es que a raíz de esto comenzó a ser popular entre las gentes del norte de Nueva York. Llega a ser mencionado en la prensa local de Troy, y en 1816 Frederick Augustus Fidfaddy publica un libro titulado "Las aventuras del Tío Sam", centrado igualmente en el personaje. Unos años más tarde -en 1961- el Congreso de los Estados Unidos adoptó la siguiente resolución: "Que el Congreso reconozca a Uncle Sam Wilson de Troy, Nueva York, como el padre del símbolo nacional de los Estados Unidos, el Tío Sam".

Por último cabe mencionar que la imagen del Tío Sam es obra de J.M.Flagg y fue publicada por primera vez en 1916 como portada de la revista Leslie's Weekly. El retrato se utilizó posteriormente para ilustrar los carteles de reclutamiento del ejército estadounidense.