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viernes, 11 de noviembre de 2011

El hombre del saco

Seguro que, siendo niño, alguna vez te dijeron aquello de: "¡vendrá el hombre del saco y te llevará!" si no comías o te negabas a hacer algo que te hubiesen mandado.

Esto, que podría parecer una figura imaginaria para amedrentar a los niños, parece ser que es un mito popular basado en hechos reales, y desde luego, no apto para menores.

Sucedió en el pueblo de Gádor (Almería) en 1910. Francisco Ortega enfermó de tuberculosis y acudió a una curandera para librarse de la enfermedad. Ésta, viéndose incapaz de hacerlo, le desvió a su vez a otro curandero que, además, era el barbero del pueblo; Francisco Leona se llamaba el hombre. La cuestión es que Leona se ofreció a sanarle a cambio de 3000 reales, a lo que Ortega aceptó. Una vez hecho el pago, Leona, en compañía de Julio El Tonto -uno de los hijos de la curandera-, se apresuró a buscar los ingredientes para poder atender a su paciente.

La medicina no era otra que la sangre y grasas corporales de un niño. Para esto hacía falta un niño, y el infeliz elegido fue Bernardo González Parra, que contaba 7 años. Entre los dos lo metieron en un saco y lo llevaron hasta un cortijo donde Agustina -la curandera- les estaba esperando. Avisaron a Ortega y al llegar éste sacaron al niño del saco. Medio aturdido, pero con vida.

El asesinato ocurrió así: Leona hizo un corte en una de las axilas del pequeño para extraer la sangre que debía beber Ortega. Posteriormente, con el niño aún vivo, extrajo su grasa y untó con ella el pecho de su paciente. Finalmente le dieron muerte golpeándole el cráneo con una piedra, y ocultaron el cuerpo en un lugar llamado "Las Pocicas", dentro de una grieta y cubierto con ramas y piedras. Después, cada uno volvió a su casa.

El problema final llegó a la hora de repartir los beneficios. Leona debía dar parte a El Tonto por haberle ayudado a secuestrar al menor, pero intentó engañarle, lo que provocó que su socio acudiese a la Guardia Civil para relatar que, mientras estaba en el campo, le había parecido ver el cuerpo de un niño. Tras encontrar el cuerpo, fueron detenidos Leona y El Tonto. Ambos terminarían confesando el crimen, por lo que también se detuvo a Ortega y a la curandera, que serían condenados y ejecutados. Leona fue condenado a garrote vil, aunque murió en prisión, y por último, El Tonto fue absuelto al considerárselo mentalmente incapaz.

Y esta es la historia del hombre del saco...

martes, 25 de octubre de 2011

El Coco



¿A quién no le cantaron nunca eso de: "duérmete, niño, duérmete ya, que viene el Coco y te comerá" para inducirle a tener lindos sueños?

Esta dulce melodía tenía algunas variantes dependiendo de la zona donde se entonase, pero el quid de la cuestión era siempre el mismo: si no dormías a tu hora, lo más liviano que haría el Coco contigo sería robarte la cuna. La mejor muestra de las intenciones de este ser se resume en esta variante empleada en Cuenca: "con decirle a mi niño que viene el Coco, le va perdiendo el miedo poquito a poco"...

En resumen, mentar al Coco a la hora de dormir era como decir que Freddy Krueger estaba debajo de tu cama y se enfadaría si no cerrabas los ojos. Pero nada tienen que ver el uno con el otro.

De hecho, los orígenes del Coco se remontan cuanto menos al siglo XV. Una de las primeras versiones de la famosa nana la ofrece Juan Caxés en el Auto de los desposorios de la Virgen, ya en el siglo XVIII: "Ea, niña de mis ojos,  duerma y sosiegue, que a la fe venga el coco si no se duerme."

¡Pero tanta nana debe de venir de algún sitio! Que sí, a ello vamos.

En la Nueva España habría un ciudadano, al que llamaremos X, que buscaba trabajo infructuosamente. Con el paso del tiempo fue agotando sus ahorros, y llegó un momento en que el hambre se hizo presente. Para aliviarla empezó a procurarse su propia comida: niños que encontraba solos por la calle, lejos de las atenciones paternas. Transcurrido el tiempo, la noticia llegaría a oídas del resto de la población, que por algún motivo desconocido comenzó a llamarlo: "el Coco".

Desconozco si "el Coco" se centraba en huérfanos que pudiesen dormir a la intemperie o, si por el contrario, se llevaba a niños que, a horas intempestivas, escaparan de sus casas sin que sus padres se diesen cuenta. Esto último daría algo de sentido a lo de dormirse pronto.

Con lógica o sin ella, esta parece ser la historia del famoso «Coco».