Años después, con la capital asentada ya en Lima, el clima seco del lugar atrajo a muchos enfermos con problemas respiratorios y de tuberculosis, que acudían a Jauja a tratarse en el hospital. La riqueza dejada por los visitantes reavivó la antigua leyenda del País de Jauja, en el que se afirmaba que de los ríos manaba leche y de los árboles, buñuelos.

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