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martes, 13 de diciembre de 2011

El número 13


Si existe algún número controvertido en la cultura occidental, ese es, sin duda, el 13. Considerado de mal agüero por muchos, más aún si miramos el calendario y coincide con un martes (o viernes en Francia y los países anglosajones). La cosa ha llegado tan lejos que incluso tiene su propia nomenclatura en la medicina: triscaidecafobia es la palabra que designa el miedo al 13.

Pero... ¿realmente es para tanto?. 

No todo el mundo teme al 13. Hay a quien le es indiferente, e incluso hay quien lo considera un número de buena suerte. Tal era el caso de Julio César, que alcanzó el poder gracias a la Legión decimotercera. Otro personaje célebre, el compositor alemán Richard Wagner, estuvo también ligado a este número: nació en 1813 (¿casualidad?: 1+8+1+3 = 13), compuso un total de 13 óperas y falleció un 13 de febrero.

Para los mayas el 13 simbolizaba las fases lunares y era un número sagrado. Tampoco a los estadounidenses parece afectarles, ya que son varios los símbolos nacionales en los que encontramos este número: 13 son las flechas que el águila heráldica sujeta en una de sus garras, y 13 las ramas (con sus correspondientes 13 frutos) que porta en la otra. Igualmente, 13 son las estrellas que aparecen sobre su cabeza, en conmemoración de las 13 colonias sobre las que se crearon los U.S.A. Y si observamos el reverso de un billete, encontraremos una pirámide con sus correspondientes... 13 escalones.

Entonces, ¿por qué tanto miedo?

Si bien en los tiempos que corren se tiene como punto de partida el número de comensales de la Última Cena, lo cierto es que el 13 ya imponía respeto mucho antes de la llegada de Cristo. Su origen, sin ir más lejos, está en la mitología nórdica.

Y es que Loki, el "Mago de las Mentiras", se empeñó en matar a Baldr, el favorito de los dioses. Consiguió que la diosa Frigg, que había hecho jurar a todas las cosas del mundo no dañar a su hijo, le revelase qué único objeto había escapado al juramento: el muérdago. Entonces juntó muérdago, hizo un dardo y se dirigió al Thing donde estaban reunidos los dioses. Se daba la circunstancia de que en el momento de su llegada había doce dioses en el lugar, por lo que él fue el número 13. Y como había jurado no matar a Baldr ideó una estratagema para que fuese el hermano ciego de éste, Höðr, quien lanzase el dardo, ocasionándole así la muerte.

Y es desde este episodio que se condenó el número 13.

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