La tarjeta navideña tiene su origen en las escuelas inglesas del siglo XIX, en las que, antes de comenzar las vacaciones de invierno, se pedía a los estudiantes que escribiesen algo relacionado con la Navidad y lo enviasen por correo postal a sus padres durante las fiestas.
Tal vez influida por la idea, en 1840 la Reina Victoria emite, por primera vez, una felicitación "oficial" de la Familia Real Británica por Navidad.
El resto de mortales debemos los christmas a Sir Henry Cole, quien en 1843 encargó a John Callcott Horsley un dibujo relacionado con las fiestas para imprimir en tarjetas. Hizo 1000, y aunque el resultado no estuvo exento de polémica -los ciudadanos entendieron que fomentaba las bebidas alcohólicas- consiguió vender todas las copias al precio de un chelín.
Con el tiempo cambiaron las técnicas de impresión, lo que evitaba, por ejemplo, el pintado a mano de cada tarjeta, lo que abarató el coste de las felicitaciones y las universalizó hasta alcanzar la popularidad de que gozan hoy en día.
Con el tiempo cambiaron las técnicas de impresión, lo que evitaba, por ejemplo, el pintado a mano de cada tarjeta, lo que abarató el coste de las felicitaciones y las universalizó hasta alcanzar la popularidad de que gozan hoy en día.

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