Seguro que al leer el título has pensado en el martes y 13. Otro día hablaremos de su origen, pero de momento podemos ver que el refrán... carece del 13 ;) aunque ambas cosas comparten algo del significado.
Antiguamente el martes era el día dedicado a Marte, Dios de la Guerra (o Ares si prefieres la mitología griega), y se presuponía que estaba regido por el planeta rojo, al que por su color se le suponían energía, tensión y agresividad. Por otro lado, cuenta la leyenda que la confusión de lenguas en la Torre de Babel se dio un martes, del mismo modo que el Imperio Bizantino encontró su fin en tal día de la semana. Es por esto que, durante el medievo, era un día mal visto, en el que no era raro escuchar referirse a él como "el pequeño maléfico". Hoy día esta expresión se sustituye por refranes más amables y el martes pasa casi desapercibido si no lo acompaña el 13, pero el refranero nos sigue recordando las antiguas supersticiones.
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