Si en España de reojo al martes cuando es 13, en Francia y los países anglosajones el día elegido para la "fobia" popular es el viernes, convenientemente publicitado en su día por Jason en la famosa saga de películas. Pero no vamos a hablar de cine. Y es que el respeto popular al Viernes 13 está basado en hechos reales y debidamente documentados...
Corría el año 1307 cuando el Rey francés Felipe IV (más conocido como El Hermoso) emprendió su particular cruzada contra los Templarios. El Rey estaba sumido en una crisis económica tras la guerra mantenida contra Inglaterra y necesitaba recuperar capital. Tras saquear y echar a los judíos de suelo francés dirigió su mirada hacia la Orden del Temple, con la que se rumoreaba que tenía grandes deudas. Y es que la Orden, por aquel entonces, era algo así como una gran multinacional bancaria y atesoraba una gran riqueza.
Como no podía cargar de cualquier manera contra los Templarios puso en marcha una campaña de desprestigio hacia ellos, contando con la inefable colaboración del entonces Papa Clemente V. Entre otras, se acusó a los Templarios de herejes y blasfemos, razón por la cual fueron detenidos, llevados ante el Vaticano y condenados por el Papa. De más está decir que los bienes salvaguardados por los detenidos fueron inmediatamente confiscados.
El pistoletazo de salida al exterminio se dio el Viernes 13 de octubre de 1307. Los Templarios fueron perseguidos por toda Europa, torturados para hacerles confesar y finalmente quemados en la hoguera. La masacre se extendió durante años.
En 1314 llegó el turno del Gran Maestre de la Orden, Jacques de Molay. Los cargos eran similares a los del resto de encausados: escupir y orinar sobre la Santa Cruz, herejía, sodomía e idolatración a Baphomet. Condenado a la hoguera, se dice que antes de ser ejecutado pidió permiso para rezar por última vez, finalizando su plegaria con las siguientes palabras: “Dios vengará nuestra muerte, con esta convicción yo muero”. Seguidamente fue quemado. Era el día 18 de marzo.
Como no podía cargar de cualquier manera contra los Templarios puso en marcha una campaña de desprestigio hacia ellos, contando con la inefable colaboración del entonces Papa Clemente V. Entre otras, se acusó a los Templarios de herejes y blasfemos, razón por la cual fueron detenidos, llevados ante el Vaticano y condenados por el Papa. De más está decir que los bienes salvaguardados por los detenidos fueron inmediatamente confiscados.
En 1314 llegó el turno del Gran Maestre de la Orden, Jacques de Molay. Los cargos eran similares a los del resto de encausados: escupir y orinar sobre la Santa Cruz, herejía, sodomía e idolatración a Baphomet. Condenado a la hoguera, se dice que antes de ser ejecutado pidió permiso para rezar por última vez, finalizando su plegaria con las siguientes palabras: “Dios vengará nuestra muerte, con esta convicción yo muero”. Seguidamente fue quemado. Era el día 18 de marzo.
Un mes después tal pareciera que el cielo había escuchado sus plegarias: el inquisidor encargado de llevar a cabo la causa contra los Templarios, Guillermo de Nogaret, es envenenado durante ese mismo mes. Unos días después, el 20 de abril, Clemente V muere atragantado con un higo, y Felipe IV lo hace en noviembre tras sufrir una grave caída de su caballo. Pero esto no es todo: la Maldición de Molay se extendió a la línea sucesoria del monarca, de forma que el último heredero de la rama, Juan I, muere dos años después con tan sólo cinco días de vida.
Independientemente de la Maldición, en el subconsciente colectivo quedó asociado el Viernes 13 con el terror, la tortura y la muerte. Y así se ha mantenido hasta nuestros días.

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