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domingo, 27 de noviembre de 2011

El color amarillo


En la Grecia antigua el amarillo era el color de Apolo, Dios de la Luz. En China, el amarillo se asociaba a la familia Imperial: era el símbolo de la monarquía. En los albores del cristianismo, y por aquello de asimilar a las gentes paganas, éste era el color de la vida eterna, el amor y la fe. Amarillo es el color de la economía, y hasta de la amistad...

Entonces, ¿por qué cayó en desgracia el amarillo?

Primeramente fue el catolicismo quien lo asoció al azufre, y por ende, al Infierno. Merced a esta asociación el amarillo adquirió connotaciones negativas: se convirtió en el color de la traición.

Ya en la Edad Media se utiliza para señalar los lugares en que ha habido una epidemia de peste. Para avisar al visitante estaban obligados a colocar una bandera amarilla en un lugar visible, de manera que quien tuviese idea de entrar en el pueblo supiese de antemano a lo que se atenía. Igualmente era el color de los herejes.

Pero al parecer, el miedo al amarillo realmente se creó en los tiempos de la Inquisición (¡qué raro!), a causa del sambenito que obligaban a vestir a algunos condenados. Era una especie de saco hecho en lana, generalmente de color amarillo, y los reos estaban obligados a llevarlo en forma de escarnio público, para que todo el mundo supiese que habían cometido falta. Al finalizar la condena (quienes la finalizaban, algunos lo llevaban de por vida) el ropaje en cuestión se llevaba a la iglesia más cercana a la residencia del penitente y se dejaba colgado allí, junto con su nombre, la familia a la que pertenecía, el delito cometido y su correspondiente castigo. Esto ha pervivido hasta nuestros días en la popular expresión: "colgar el sambenito" a alguien.

Tiempo después el "yuyu" se extendió hasta las gentes del teatro, al fallecer Molière mientras representaba su "Enfermo Imaginario" vestido en éste color.

Por último cabe citar al "periodismo amarillo", término acuñado por el diario New York Press en 1897 para contrarrestar los ataques que sufría por parte del New York World de Joseph Pulitzer, en la etapa de "guerra" entre ambas publicaciones. El término designa al periodismo sensacionalista.

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